. . . Ver la facilidad con la que se tiende en cualquier conversación a hablar del “prójimo”, especialmente cuando dicha persona no está presente. “Práctica nacional” la llaman algunos, en mi opinión práctica global sería más adecuado, solo que quien más le ejercita tiene la desgracia de no haber visto más mundo que el de su propio barrio o pueblo, y poco o nada puede decir de lo que ocurra fuera de éstos. De cualquier manera no es un tipo de conversación que me moleste, se hable de mi o de otro (ventajas de que las críticas, tanto positivas como negativas, me la suden), ni en las que evite tomar parte, siempre y cuando no se llegue a ninguno de los dos extremos posibles en los que pueden derivar estas charlas. Estos son; poner a parir a la persona sobre la que se discute sin concesiones, o bien hacerlo pero justificando a su vez sus actos, llegando incluso al punto de alabarlos o “verlos graciosos” (odio esta expresión). El primero, por ser sin duda el más habitual, no merece el más mínimo comentario o atención (aunque sin duda es el más ameno). El segundo en cambio resulta más interesante (precisamente por ser más inusual). Es aquí cuando, tras haber criticado negativamente a una persona en concreto, se suelen acompañar tópicos como “. . . en fin, ya sabes como es el/ella. . .” o bien “bueno, como ya sabes que es el/ella. . .” para justificar las anteriores críticas negativas. Esto, aunque tampoco me molesta, si llega a resultarme más irónico que simplemente criticar sin tratar de justificar nada. Y, como hoy, quizá por ser Domingo, quizá por estar indiferente en ese momento, o quizá porque creía que la persona a la que se criticaba merecía dichas críticas negativas y no una justificación por sus faltas, he decidido exponer mi punto de vista. Sin concesiones. Tal y como a mi me gusta. La reacción, como era previsible, no ha sido agradable. ¡Qué políticamente incorrecto criticar a alguien de esa forma, sin que pueda defenderse! Reacción que no ha hecho más que confirmarme lo hipócrita de quien habla de alguien en público para mal y luego trata de esconder la mano tapándolo con justificaciones a fin de que se olvide de quien ha sido la pedrada. Evidentemente, me he visto obligado a responder al reproche por haber hablado así, dejando claro a la persona que había empezado la crítica lo hipócrita que me parecía su postura. Todo se basa en consecuencias. El lado malo, que dicha persona no volverá a hablar de nadie delante mía. El bueno, que supongo pasaré a ocupar una posición relevante en sus futuras conversaciones.
Resumiendo; criticar mola, es una práctica divertida y amena, e incluso sana si se le resta importancia (aunque sea infinitamente más divertido decirlo a la cara y cuente con más posibles “finales alternativos”), pero si se hace que sea sin concesiones. A muerte. Tal y como a mi me gusta.
Escuchando:

Publicado por Deregath

Publicado por Deregath

Publicado por Deregath















